LA INFLUENCIA DE LOS MITOS EN LAS RELACIONES DE PAREJA

Los mitos son interpretaciones folklóricas de la realidad. Por lo tanto, tienen su fuente en hechos de la vida cotidiana, que son interpretados y divulgados con mayor fuerza que los conocimientos. Estos últimos necesitan una elaboración intelectual para su demostración. Los mitos solo tienen la demostración del “me dijeron que”.

Quiero señalar algunos de los mitos que me parecen más significativos en cuanto a su repercusión negativa para obtener la felicidad en la pareja.

El primero: “Marido y mujer deberían hacerlo todo juntos”. Es el mito de la unión total. Si la pareja realizara todo juntos, dejarían de actuar como individuos y tener su propia individualidad, hay que contar con el otro, pero no depender absolutamente del otro.

Es importante compartir las decisiones dentro de la pareja pero no todas las decisiones deben ser compartidas con la pareja. En esto probablemente también influye el mito del amor romántico que a todos nos hace pensar que el estadío del enamoramiento va a durar durante toda la relación (en otro post os explicaré cuáles son estos estadíos y cómo deben de superarse que la pareja pueda perpetuarse y crecer). Unido a este mito también encontramos el de la confianza absoluta con el cónyuge.

Todo aquello que no resuelve nada y que produce un enorme daño en la relación, no debe ser compartido. Aunque cada caso debe evaluarse de forma personalizada. Pero si nos sintiéramos obligados a decir absolutamente todo, nos sentiríamos invadidos y sin las más mínima posibilidad de mantener nuestra identidad.

Unido también a este mito está la falacia del amor incondicional dentro de la pareja. Es como si esperáramos del consorte que nos quisiera de igual modo que tuvimos o deseamos tener (pero que no tuvimos) de una madre incondicional, lo cual es imposible que la pareja nos lo dé, porque así como la madre, ella también va a demandar manifestaciones de afecto. Es una actitud poco realista.

Otro mito es: “tener un hijo mejora un mal matrimonio”. Se puede afirmar que los hijos consolidan y enriquecen una buena relación de pareja, pero que empeoran la relación, cuando la pareja ya funciona mal, se convierte en una carga añadida.

Si el cambio a la paternidad exige a los miembros de la pareja importantes adaptaciones, éstas serían imposibles de asumir adecuadamente si existe previamente una sólida relación de pareja a la vez que flexible, antes de asumir la responsabilidad de tener un hijo, tanto por el bienestar de él o de éstos, como por el bienestar de los propios padres.

El siguiente mito es: “los que se quieren de verdad adivinan lo que el otro piensa y siente”. Realmente es imposible saber lo que el otro piensa, es un error muy grave de comunicación el intentar leer la mente del otro, y produce muchos problemas en la relación.

Hay parejas que consideran que pierde valor lo que el otro les da si antes tienen que pedírselo. No solo no disfrutan de lo que reciben y estropean la convivencia, si no que no logran valorar la manifestación de amor que el otro le está dando al ofrecerle aquello que ellos piden y necesitan.

Este mito tienen también enormes consecuencias negativas en el área de la sexualidad, porque se supone que el otro debe saber qué tipo de caricia me es más satisfactoria. Si no lo dice, es imposible que el otro se entere.

Y el colofón final, que a día de hoy todavía podemos leer en revistas de moda femeninas, páginas de supuesta autoayuda, escucharlo en programas de televisión, etc.: “los polos opuestos se atraen y se complementan”. Realmente si hay algunas diferencias y éstas se pueden vivir como enriquecedoras y estimulantes, esto hará la relación más dinámica.

Pero las parejas satisfactorias generalmente constan de unas similitudes básicas que sobrepasan a las diferencias.

Creo que es fácil comprender que si hay muchas diferencias que sobrepasan a las similitudes, y si estas diferencias son realmente polos opuestos en multitud de actividades cotidianas, la relación será claramente insatisfactoria. Si a uno de los miembros de la pareja le apetece hablar y compartir sus pensamientos y sus sentimientos y el otro es introvertido, incapaz de manifestar ninguna emoción, es fácil intuir que habrá graves conflictos en la comunicación. O si uno es una persona extrovertida, sociable, con una adecuada capacidad para las relaciones sociales y el otro es introvertido y con temor a las relaciones con los demás, habrá probablemente conflictos en la relación de pareja. Igualmente si uno es apasionado y el otro es inhibido o frío; si a uno le gusta gastar y el otro es un ahorrador en extremo, todas estas diferencias traerán probablemente conflictos en la convivencia.

En el próximo TALLER DE PREVENCIÓN DE CONFLICTOS DE PAREJA, te hablaré más en profundidad de estos y de muchos otros mitos, familiares, sexuales, arcaicos, que afecta a nuestras relaciones y cómo podemos “des-aprenderlos” y darle a nuestra creencia de pareja un significado propio, en función de las necesidades y deseos de cada uno.

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